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.- Historia

El viejo Mercedes-Benz Pontón de la familia Chávez estaba ya algo anticuado e incluso se había quedado algo pequeño tras haber aumentado la familia. Por ello, en 1971 se acercó al concesionario Syrsa Renault de Sevilla, donde encontró un bonito 1500 Familiar con casi cuatro años y que había pertenecido a un señor de la capital que lo había comprado nuevo y lo trató perfectamente. No dudó en adquirirlo y dedicarlo para los viajes de la familia e ir todos al campo (incluído el perro), a los pocos años vendería el Mercedes para comprarse una Citroën AKS400 nueva en 1975 para el transporte de carga y aperos agrícolas, dejando al Milquinientos como el coche familiar.

En 1978 el yerno lo usa para irse con unos amigos de viaje con tan mala suerte que gripa el motor. Fue reparado en la SEAT y se aprovechó para pintarlo de nuevo en el Azul Vizcaya que tenía, además de acoplarle un grupo más largo que permitía una mayor aceleración en regímenes bajos.

A los pocos meses, ya entrado en el último año de la década de los 70, la familia hace un viaje a Madrid en una visita rutinaria al médico del Sr. Chávez, durante el camino, paran en Navalmoral de la Mata, para hacer el segundo apriete de los 1.000 kms tras el rectificado y un cambio de aceites. Con la visita al médico, le diagnostican una enfermedad que provocaría su fallecimiento al poco tiempo, quedando el coche encerrado en la cochera desde aquél año.

En 1990, al no usarse fue dado de baja y unos años más tarde, la AKS entraría para hacerle compañía también. Pasarían varios años hasta que en 2003 un vecino de la localidad, sabiendo de nuestra afición a los clásicos, nos da el chivatazo de un par de coches antiguos que van a ser desguazados por reparto de bienes de la herencia.

Sin prestarle demasiada importancia, un día decidimos llamar a la dueña y acercarnos a verlo, la condición era llevarnos los dos coches el mismo día. El Milquinientos estaba arrinconado y ocultado por cuatro milímetros de polvo y suciedad, con radios antiguas en el techo, las ruedas desinfladas, sin tapacubos y una tulipa rota. La pintura no tenía mala pinta, lo peor era un rozón lateral, el interior estaba impecable, completamente intacto y con un típico olor de coche viejo agrabado por las dos décadas que estuvo sin abrirse.

El Citroën estaba bastante completo y aseguraban que arrancaba, el 1500 estaba parado desde principios de los 80 y no se arriesgaban a afirmar cómo estaba de mecánica. Llegamos a un acuerdo y a la semana una grúa sacó los dos coches de allí arrastras.

Paradojas de la vida, el 1500 arrancó por sus propios medios tras un cambio de bujías, aceite y gasolina; al Citroën hubo que ponerle segmentos nuevos, reparar cilindros y pistones,... Una mano de pulimento, cambio de neumáticos, biseles, tulipas traseras y otros detalles menores han dejado al Milquinientos en un estado bastante aceptable a falta de unos pequeños retoques de pintura para dejarlo perfecto.

.- Prueba

Exteriormente destaca por su linea angulosa, a la que se suma una idea de Familiar a lo "Wagon" americano. Algo que sumado a la idea que mucha gente tiene de estas carrocerías de recordarle a los coches fúnebres, pero que en el mundillo de los aficionados a los clásicos, la atracción por los modelos "raros" provoca actualmente un especial interés por este tipo de acabado. Son muchos los rancheras que han caído en el olvido y que están apunto de perderse, por suerte los Milquinientos Familiar son más abundantes que los 1400 Familiar o los Dodge Dart Station Wagon, incluso un "casi imposible" de encontrar Chrysler 180 y Dodge 3700 GT SW de Pinedo Villaamil entre otros.

Todos los elementos mecánicos y accesorios los comparte con la berlina, aunque hay una especial dificultad a la hora de encontrar la luna trasera, visagras cromadas del techo o la maneta del portón.

El juego de los asientos traseros y transportín trasero provoca que estemos ante todo un monovolumen moderno, que se adecua a todo tipo de necesidades en el mínimo tiempo y en un espacio perfectamente aprovechado.

Los asientos, como los de todos los Milquinientos son muy cómodos, aunque el skay rojo de la tapicería no transpira en épocas calurosas, ni sujeta en gran medida a los viajantes, pero hace los trayectos cómodos, además de una suspensión algo blanda, ideal para viajes por las malas carreteras de la época. El cuadro es bastante completo y preciso, aunque el si el sol se refleja de lleno en él será imposible ver algo.

La palanca de cambios funciona bastante bien, aunque el cambio debe hacerse sin forzarla demasiado, con un correcto ajuste de varillas, no debe haber dificultades; el mayor problema es a la hora de introducir la marcha atrás, que en muchas ocasiones se confunde con la cuarta velocidad.

Una vez sentado en el asiento del conductor, nos encontramos con un gran velocímetro rectangular, con las diferentes palancas del ventilador interior, luces y limpiaparabrisas; en el lado izquierdo el bombín de la llave de arranque y a la derecha la radio Skreibson junto a una toma de corriente o mechero. Al frente tenemos una perfecta visibilidad, bien guiada gracias a los picos de las aletas delanteras, que nos ayudan en gran medida a "guiar el coche". Miramos por el espejo y hacia atrás, el punto débil de este coche, y es que no es a pesar de tener una gran superficie acristalada, el gran espacio interior del coche nos miente las distancias que hay hacia atrás, dificultando el proceso de marcha atrás, sobre todo a la hora de aparcar, en la que no vemos ni calculamos con gran precisión el espacio libre.

Giramos la llave y arranca a la perfección, un sonido muy redondo, característico de los Milquinientos de gasolina, la palanca de cambios está situada debajo del salpicadero, engranamos primera y levantamos el embrague (bastante alto debido al desgaste que ha sufrido). Las marchas más cortas son bastante efectivas, alcanzando velocidad con rapidez gracias al grupo más largo que lleva instalado, el salto de segunda a tercera es algo más notable, ya que montaban una tercera y cuarta bastante larga que nos permiten alcanzar una velocidad cercana a los 140 km/h si lo apuramos, aunque a un ritmo de 100-120 el coche se desenvuelve perfectamente en el tráfico actual, permitiendo adelantamientos bastante precisos en muchos casos.

Por carretera se mueve sin problema, con un consumo medio de 10-12 litros a una media de 100. La suspensión y el mullido de los asientos provocan que el viaje sea placentero. Para el uso urbano es algo más incómodo, debido a la poca visibilidad trasera antes mencionada y la dirección, aunque los frenos están a favor, muy eficaces debido a los cuatro discos asistidos por servofreno (sin olvidar haber bombeado el pedal antes de salir del garage).

Llamativo allá por donde pasa, sobre todo entre los más jóvenes, que les gusta "ese coche americano" y los taxistas, que recuerdan viejos tiempos a bordo de uno, "pero con maletero".

 


Vehículos Clásicos fue inaugurado el 10 de mayo de 2001
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